La miseria moral del realismo político


Desde que se conoció el retiro de los agregados militares de Chile en Israel, se han alzado voces que han reclamado por la medida en aras del “interés nacional”. Se dice que Chile vería perjudicado su capacidad disuasiva a través de la imposibilidad de poder importar armas y repuestos de armas fabricadas en Israel que Chile ya tiene. Se ha mencionado que esto sería un riesgo para la seguridad nacional, y que la decisión del presidente fue “un gustito”. Otros, más cautos y menos fatalistas, han indicado, sin embargo, que las medidas que tomó el presidente (entre las que se cuentan el apoyo del embargo de armas propuesto por España y la prohibición de importaciones desde territorios ocupados) no tendrán efectos sustantivos: el comercio con Israel no es relevante en términos agregados respecto del comercio que tiene Chile con otros países, y el embargo de armas no tendrá un efecto para Israel (al menos desde el lado chileno).

                  La idea que está detrás de estas críticas radica no tanto en la justificación moral de estas medidas, sino en dos factores: su eficacia (o ineficacia) y su vínculo con los intereses nacionales. Para algunos, las medidas anunciadas son contrarias a los intereses de Chile, específicamente en lo relativo a la defensa. Quienes argumentan en este sentido no desconocen las razones morales que están detrás de estas medidas, pero alegan que podrían tener consecuencias indeseables para Chile. Si bien estas personas tratan de clarificar (porque no logran clarificar, sino confundir) que la condena moral al genocidio perpetrado por Israel en Gaza es una cosa, pero su evaluación en el juego político es otra, y que “el realismo político” impone consideraciones diversas.

                  Sin embargo, el “realismo político” que invocan los críticos de las medidas del presidente, no es “realista” en el sentido de que los aspectos morales de las decisiones políticas sean secundarios. Cualquier decisión “realista” en términos políticos implica, necesariamente, una evaluación moral. Cuando los comentaristas, en aras del realismo político, critican las medidas del presidente, están adoptando una posición moral, una que pone mayor peso a los intereses del estado en términos de situaciones hipotéticas (como el riesgo a la seguridad nacional) que otros valores, digamos, de humanidad, respecto de las víctimas de un genocidio.

                  En este sentido es que planteo que el realismo político es moralmente miserable. “Miserable” es un término que aplica a algo pequeño, minúsculo. En este sentido, la moralidad del realismo político es miserable: pequeña, insignificante. Esto es, le da un peso específico a una cuestión que no sólo es desproporcionada respecto de las razones morales que apoyan las medidas contra Israel, sino que, además, se trata de una amenaza hipotética. Mientras que el “riesgo a la seguridad nacional” es una hipótesis, el genocidio en Gaza es real y, lamentablemente, cosa de todos los días.

                  El verdadero interés nacional que propugnan los realistas no puede ser indiferente al sufrimiento humano, sobre todo a uno de gran escala como el que está teniendo lugar en Gaza. Y si fuera indiferente, entonces el interés nacional se vuelve, como la moralidad del realismo político, profundamente miserable.

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